.: Las Lineas Del Kaos :.

"Un blog sin aspiraciones, pero con todas las ilusiones de un soñador"


Una y mil veces




Las cuerdas del trapecio me han servido siempre para bajar a las cañerías, a los suburbios de las almas que han rodeado mi persona, y allí en aquel sumidero de ratas he logrado componer miles de poesías...algunas de arcoiris, otras más cínicas que los bordillos de las calles que nos tocan de caminar.

Me he ahogado tantas madrugadas en la sangre de las envidias que ya decidí reir, de aquellos tristes que componen al amor sus cinco te quieros flacos mientras sus amores cabalgan como yeguas desbocadas a la lumbre del sol que más le caliente.

Tristes aquellos que cayeron, patéticos los que caen ahora que con sus pocas primaveras y mucho olvido por recorrer quieren desnudar sus amores necios y conquistas insinuantes, cuando en sus castillos de principe sólo habita el alambre y fatigas de odio de verse solos.

El tiempo dictará la sentencia, la más cruel y rotunda de las tempestades caerán sobre la tierra, mientras que yo bajo el techo de la cañería ya lamí mis heridas y me siento tan vivo que de nuevo por el eco de las sucias paredes volverá a resurgir la poesía de este poeta de cañerías, de este poeta de mierda de manos vacías...hasta entonces.

Nuevos rumbos




Sentado en un viejo muelle veía como venían y se iban a diario tantos y tantos navíos, tanto izar y desplegar velas sirvieron por unos instantes para llenar de una alegre melancolía a ese corazón extraño...aquel que se cansó de vivir hace mucho y rendido al abandono solo palpitaba en su función básica...sístole, diástole...tristeza.

Un trago de vino y una vieja canción que tatareaba de memoría...de cuando era feliz, quizás intentando así torpemente que sus recuerdos y aquellos buenos momentos regresaran para darle de nuevo un golpe de efecto a la vida pero las barbas en su viejo rostro demostraban lo contrario...tiempo, mal compañero de fatigas.

Pero por aquel instante solo quiso navegar, inundar su corazón de alegría y recordar aquel corazón que le embriagó de primaveras el invierno, quiso zarpar a aquella isla desierta de penas y maldades, donde solo se conocían arcoiris y su unico ojo vigía fuera un caledoscopio para verlo todo de colores, que no hubiera axiomas que taparan de grises nubes sus pensamientos...aquel lugar donde él y solo él fuera el único capitán de navíos y de dos corazones, su de él...su de ella...

Y allí dejé a aquel hombre, y seguí mi camino cabizbajo, pensativo...melancólico observando a aquellos navíos y soñando cuál sería el mío...y si tal vez los cálidos regazos del sol me volvieran a traer nuevos horizontes, el tiempo dirá, la vida dirá...yo decidiré...