
Quizás un día te levantas y tu único deseo es tener alas, estrenar tu nueva libertad con un vuelo sublime, suave como el más sedoso terciopelo a media mañana, sosegado y sin más ruido que el silbido del viento a tu paso sintiéndote enorme, gigante...
Y ese día te alzarías grande a la tierra, para arrancar del suelo que pisamos el amargo alquitrán y empuñar la palabra, la más rebelde de las armas del mundo hacia todo aquello que nos oprime, que alzasen sus puños todos aquellos ángeles cuyas alas se llenaron del más oscuro tizón de tristeza y melancolía, que reventasen en cólera todos los espectros que se alimentan nuestros sueños con cada amanecer, aquellos que consiguen que el primer paso de nuestras nuevas vidas no sea un paso firme, sino tenebroso.
Espectros que hacen que nuestras ilusionen se vomiten con la resaca del día anterior y el miedo nos invada nuestro cuerpo, por errores anteriores, por errores futuros, por el qué dirán...y todos sabemos que eso no es así, todos sabemos que debemos luchar por conseguir lo nuestro, que cada golpe recibido sea una simple piedra más en el camino, y que no haya nada ni nadie que nos detenga, porque la recompensa es mucho mayor cuando mayor esfuerzo se ha realizado.
Que la sangre y el sudor emanen de nuestras entrañas, que nos dejemos la piel, la vida y hasta el alma por aquel sueño que anhelamos, sin miedo al fracaso, con el orgullo de luchar día a día...solamente en aquel momento en que pongamos el pie en firme al levantarnos y luchemos con ahínco contra los espectros podremos conseguir todo aquello que nos marcamos, sin mas lucha que la de la calle...el compromiso.
Aquel día, sentado junto a su viejo libro alzó la vista al cielo, volvió a ver aquella ráfaga multicolor...una extraña sensación le rebotaba por todos sus adentros a la vez que esbozaba inconsciente una leve sonrisa...otro angel alzaba eterno su destino...el proximo seré yo se dijo.

El matadero...aquel lugar tenebroso donde morían cientos de almas en nombre del amor, así recordaba aquel lúgubre lugar del que ya por desgracia había habitado, aquel habitáculo donde los cimientos se construyeron con las almas y penas de los que allí yacieron.
Y escuchar oír de él le producen temblores en las piernas, innumerables flashes golpean su cerebelo haciéndole recordar aquellos angustiosos días...semanas al abandono en el más profundo estiércol del más nauseabundo mundo allí donde resucitar sería un insulto, una blasfemia al más osado guardián de aquello, al príncipe de lo abstracto.
Para que más palabras, si tan solo tus ojos me invitan a follarme a las nubes, dormiría en el limbo más pálido para no despertar hasta la aurora, porque sé que contigo solo queda destierro, porque sé que si te vas me quedo en nada...
Me pregunté si valdría soñar con colores y arcoiris, y ante tu sombra me sentí tan inútil como una princesa en el metro, como un borracho en el desierto...y empecé a caminar, a rondar las paredes de tu habitación, a coronar las lunas que habían echado sal a mis cicatrices de la soledad, a reventar a fogonazos mi corazón de temblores inertes, de historias de héroes y de tambores de guerra...felices.
Adelante, no queda más remedio que golpear o ser golpeado, quedar inconsciente sobre la arena o trasegar a la oscuridad, solo, sin tí, sin tus besos, con mis versos, sin tus labios, con mi melancolía, sin tus celos, con mi ilusión, sin tu rubísimos cabellos, sin tus ojitos claros, sin el olor de tu piel, sin mí...sin tí.

No me crees cuando te miro a los ojos
No me crees cuando pienso que la vida acaba en tu cuerpo
No me crees cuando me deslizo en las nubes
No me crees cuando me niego a creer que este sea mi destino
No me crees cuando mis lágrimas inundan mi colchón
No me cres cuando un temblor frío recorre mi cuerpo pensando en tí
No me crees cuando me dejé la vida por tí
No me crees cuando no eres tú dejo de ser yo
No me crees cuando mi vida pasa a ser la tuya
No me crees cuando te canto las más bellas canciones
No me crees cuando mis labios se deslizan por los tuyos
No me crees cuando se me va la vida...
No me crees cuando hoy más que nunca creí en el amor...malditos cometas.

Al sur más al sur del continente, allí donde se acababa descolgando la tierra y comenzaba otro mundo, allí donde la encrucijada terrestre oía fuerte el latido africano pero seguía teniendo aquel encanto de siempre, la última frontera del mundo, allí donde jamás pensó que estarían todos sus sueños, donde nunca pudo imaginar que se acurrucarían sus desvelos, allí donde el horizonte deja de ser abismo y se convierte en lo más inmenso del mundo...donde los dos mundos se guiñan por un faro.
Y se encontraron allí, sublimes como la más alta esfera llameante, jamás imaginó que aquellos destellos de su rubísima presencia eclipsaran por momentos su corazón, un paro cardíaco de ráfagas punzantes aunque no dolorosas traspasaban su piel, el más fino regazo de la primavera entraba por sus poros en forma de las canciones de sirena más bellas entre su océano de él, entre su mar, de ella.
Un par de miradas les bastó para entender la fuerza de aquello, un par de miradas para saber beberse los mares el uno del otro, para entender que en esta desmedida pasión no importaría mares y oceanos para cruzar la franja más sangrante de todas, una que les cruzara el alma y los enamorara en cualquier orilla, en cualquier punto cardinal de este rincón, allí donde habitaban las mariposas blancas.
Y como podría dibujar y esbozar tantísimos cometas a su paso, solo sabía que quería sentir la inmensidad de las estrellas a su lado, quería y anhelaba cada momento sus ojos tan claros como la trasparente y cristalina agua que acariciaba sus orillas, quería volver a fundirse en un regazo y que no acabara jamás, y lo intentaría por todas sus fuerzas, porque bien le confesó la luna aquella noche de desvelo que aquel sería el amor más perseguido, y sólo le quedó luchar...con la fé más rotunda.

Se levantaba a diario con el ruido de las olas al acariciar la orilla, entre-abría los ojos y veía una ráfaga de luz intensa, una lluvia de colores sobre su pupila azul que encendía de nuevo su corazón, su primer paso lo daba hundiendo su pie en la fresca arena, algo alborotada de la noche anterior y que la ténue brisa había intentado borrar en vano...sus pisadas eran aún más fuerte que el viento que soplaba por aquel entonces.
Titubeaba aún desconcertado pensando donde andaba, una botella de whisky vacía le recordaba que pronto aparecería el dolor de cabeza, no tuvo tiempo de terminar de pensarlo cuando resaca ya había entrado sin llamar a la puerta. Despeinado y con un olor a colonia que no era el suyo volvió a recordar aquella noche donde habitaban los cisnes y cantaba por carnavales las coplas más bonitas del contintente, de como desgarraba su voz contándole al son de una improvisada caja y bombo lo bonita que era, lo que la quería, o lo lindo que era su Cádiz mientras ella temblorosa escuchaba las más hermosas cositas de Cádiz mientras lloraba por dentro y se preguntaba su corazón, que por entonces latía a compás de carnaval que porqué no había nacido aquí.
Volvió en sí y la vió rezagada con ojitos entreabiertos mirando su figura reflejada en la arena, en ese instante deseaba morder el mundo, sería el momento más feliz de su vida, junto a él notaba que la poesía no tenía fin y si el destino nos dió rumbos distintos, que lindo fué encontrarnos y darnos ese abrazo que nos faltaba, que lindo fué romper ese silencio de besos de la lejanía.
La mañana volvía...y el cabizbajo paseaba por la arena, tatareando aquella canción de Carnaval, anhelando su presencia más que nunca y esperando ver su figura entre las columnas de aquel balneario o ver ese cuerpo que era el pecado en estado puro contonearse con la luna...a cual más guapa, a cual más bella...
Y allí quedó, el en la playa oliendo sus recuerdos entre la arena, y ella sin mar, pero recordando aquella carta de escuetas palabras que le dejó...
'A tí...que volviste a Cádiz', al principio se extrañó...jamás pisé esta tierra se dijo, a la par que al instante rompió a llorar...había entonces descifrado sus sueños de todo este tiempo.
A tod@s aquell@s que anhelan Cádiz como su propia vida

Y te pedí que esperaras por mí, y te pedí que arrancaras el calendario para que en vez de números contaras anocheceres, todos aquellos anocheceres que anhelabas volverían a devolvérsete en forma de besos...los más tiernos que puedas imaginar, los más sinceros del mundo.
Y te pedí que mantuvieras esa estrella de esperanza que nos sirviera de guía, para que no temieras en los momentos tristes porque sabrías que siempre estaría a tu lado, soñando tus sueños, cantándote mil canciones para que te durmieras...y todas hablaban de Cádiz.
Y te pedí que pese a la lejanía de nuestros corazones, el faro de esta playita donde desde entonces duermen mis besos no se apagara jamás, para que la marea te fuese guiando al compás de su oleaje, pero que llevara toda la sal del mundo, que llevara toda la ilusión de mi vida...
Y te pedí que no olvidaras que aquí, donde se descuelgan los continentes y se rie por no llorar sigo viviendo yo, el que te pondría alas en tu piel, para que soñaras por tu edén sobre esta tierra malvada...
Y hoy dejé de pedirte, alzé la vista a tus ojos y desee que aquel instante en el que te besaba no acabara, hoy tocaba pedir al tiempo...no sigas.

De nuevo aquel sudor frío recorrió mi almohada, un chispazo volvió a sacudir toda mi columna vertebral a modo de flashes e imágenes, noté como todos los músculos se tensaban y como en un instante todo volvía a su lugar de origen...en una ráfaga.
Volví a ver en aquellos flashfowards turbios retargos de sábanas, de un pelo desafiante al viento, de una figura imponente por la cual se me ponían los vellos como escarpias, aquel paso firme por las aceras imponía, desafiaba a cualquier músculo del cuello a hacer un giro sistemático hacia su figura...era ella.
Porque sabía que caería en el momento preciso, titubeaba con el destino, ansiaba dar pasos largos cuando me ponían peldaños pequeños (con algún que otro cepo), no encontraba más anhelo que su mirada, la que imaginaba como la más cristalina de los océanos, donde podría perderme como hago en el horizonte cada vez que contemplo el mar, mi mundo...
Promesas, tantas oídas que resbalaron por aquel tórrido precipicio de la espera, una llamada perdida sin ningún mensaje en el buzón y una fecha que ya había caducado mucho antes de producirse, andaba desubicado intentando encontrar una respuesta que no existía, todo fluía sin más, el mundo iba seguir girando mientras yo me paraba a pensar el porqué.
Quizás el destino bajara en mis madrugadas para dejarme aquellos reflejos, aquella descarga de imágenes por mi mente que solo aparecían mientras dormía...mientras soñaba, y será entonces, aquel momento en el que estés leyendo esto, aquel momento en el que coja tu mano y te mire a los ojos, y en ellos veas todos los te quieros del mundo cuando entenderás que desde muchísimo tiempo antes de que nuestros destinos se encontraran, ya te había soñado.